
Una hojita… simple, liviana… giraba con el viento bordeando las copas arbóreas, flotando en el aire.
Era una manito a medio cerrar.
Abajo en el suelo, otras miles ya caídas…pero ella se negaba a dejar de danzar en las alturas.
Humilde y sublime, pequeña y poderosa que otrora en la brisa estival se mecía verde y túrgida vistiendo de color alguna rama frondosa.
Hoy estrenaba su última danza antes de fundirse con la tierra o sucumbir en el pavimento bajo los pasos apurados de mi mundo.
La verdad y por un minuto, me pareció tan especial ese modo cadencioso, imperceptible y coquetamente breve de finalizar una ardua jornada…
(…de pronto… sonó el teléfono, voltié la vista a mi escritorio lleno de papeles y mil cosas… y me percaté que la mía recién comenzaba…)
PD: Hoy el atardecer era una maravilla, el cielo estaba encendido. Que bueno es asombrarse a pesar de rutina inagotable!!!...


1 Comments:
Me recordaste que este domingo a la mañana una hojita amarilla cayó entre mi costado y el costado de la mujer que amo. Ella leía, yo escuchaba...pero pude decirle: "esta hojita es un regalo del cielo". Quiero decir, tu post muestra la grandeza de las cosas simples a las cuales ni prestamos atención. A veces pienso si mañana muriera me importarían los papeles sobre mi escritorio o las llamadas telefónicas de mi empleo? o pensaría en esos momentos cuando las hojitas caen de los árboles entre medio de dos personas que intentan aprender a quererse?...Sorry lo largo del comentario, pero me hiciste pensar mucho. Un abrazo.
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